Ese día el sol traspasaba las nubes y las aves saltaban sobre las flores. Los niños corrían con felicidad inocente.
Todos corrían, todos disfrutaban. Todos menos uno.
Todos menos un niño.
-Porque no juegas; pregunto la señora. El sol resplandece y traspasa las nubes, Las aves saltan sobre la hierba y todos los niños corren felices ¿por que te has cobijado en esta fría roca?
El niño sin mirar dijo: El invierno pronto llegará y ya no hay más motivo para ser feliz. El sol que resplandece y traspasa las nubes, mañana no saldrá, las aves nos saltarán y las flores se marchitarán ¿es acaso ese motivo de felicidad?
La señora con gran asombro y aún sin comprender completamente le dijo: ¿Acaso piensas que las flores no regresarán?; ¿o piensas que las aves se marcharán?; ¿Piensas que el sol nunca volverá a brillar?
-Que saco con pensar – dijo el niño – por tener eso en mi mente el invierno no se retrasará. Que logro con imaginar un tiempo distinto, ya pronto acabará. Cuando pequeño yo era feliz y corría. Las aves saltaban junto a mí y el sol me cubría con su luz, pero un día las aves se marcharon y las flores se marchitaron, el sol no brilló más.
Y aquí he permanecido, sentado. En esta fría roca viendo y observando como estos niños viven la mentira del tiempo, el engaño del momento y la excusa de la verdad. He visto como esos niños felices, Lugo son adultos amargados.
He visto como estos niños se han convertido en seres ególatras, y he observado como estos niños olvidan a las aves. Como olvidan a las flores. Para ellos nunca vuelve a brillar el sol y se convierten en adultos infelices.
¿Por que me pides que sonría?
La señora no pudo responder. Quedó muda ante tal verdad.
Al escuchar las palabras del niño intentó recordar su niñez…
-¡No recuerdes! – dijo el niño – aunque quieras no lo lograrás. Llevo años sentado en esta fría roca, intentando recordar.
-¿Y no has pensado en levantarte? – la señora preguntó – a fuera hay un mundo por descubrir.
-¿Descubrir ha dicho? ¿Queda más por Descubrir?
Sentado aquí he descubierto lo necesario. Nada más me hace falta.
Las flores se han marchitado y con eso las aves se han marchado. El sol se ha ido y con el las risas de los niños…
…¡pero regresarán! – interrumpió – luego de unos meses regresarán.
-¿Y para que?, solo para estar un momento y marcharse nuevamente. Siempre es igual. Por eso prefiero mi fría roca, ella siempre se quedará.
-¡Es que no comprendes!, todo en la vida tiene un ciclo.
-¿Ciclo has dicho?
-Sí, un ciclo. Las flores se marchitan, pero sus raíces permanecen.
Las aves no se marchan, solo se protegen del frío.
-¿Y el sol? – pregunto el niño
-Se va a despertar más flores. Al otro lado del planeta, pero luego de despertarlas regresará.
Mañana regresará, no solo por las flores, no solo por las aves.
Regresará también por ti. Regresará para que vuelvas a ser feliz.
-Si tu historia fuera cierta… ¿no crees que ya no estaría en esta roca?
-Creo que es así como dices, pero también creo que tú no te quieres marchar. El sol viene cada primavera a despertarte, pero en la sombra de esta fría roca dormido permanecerás.
-¿Qué crees que debería hacer?
-Mañana cuando el sol regrese, deja que brille en tu corazón. Permite que el sonido de sus rayos penetre todo tu ser y así te hagan florecer. Ahora duerme. Duerme pequeño niño y mañana pro fin despertarás.
Ese día las nubes cubrían el cielo. El sol ya no estaba.
Las aves ya no saltaban.
Una capa de hielo cubría las risas del jardín.
Todas las flores se habían marchado.
Todas menos una.
Todas menos una margarita que sobre una fría roca se levantaba.
©Víctor Barraza Jopia

3 comentarios:
Te vas a mis Links hermano
DTb
..linda historia....
esta hermosisima..
no la habia leido antes por que era muy laaaarga ..:P
cuidate si?
DTBM
me gusto mucho 1313
creo que puedes ser un poetiski
pero igual po..!
siga asi te kiero arto
mua°
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